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lunes, 27 de abril de 2009

domingo, 22 de marzo de 2009

La rosa púrpura del Cairo





1. En general me gustan los finales tristes.
2. Fuera está lloviendo.
3. Está lloviendo en otoño.
4. Esta lloviendo y la realidad está como en sepia.
5. Miro la tele: Mia Farrow sabe poner la más bella cara de cojuda.
6. Yo la amo por eso.
7. Mia Farrow es fabulosa.
8. No es preciso sudar para amar.
9. Mia Farrow.
10. No es preciso entender tampoco.
11. No es preciso tener experiencia para hacer el amor.
12. En cambio sí es preciso saber engañar.
13. Engañar no es el pecado que nos enseñaron.
14. Nos enseñaron muchas cosas.
15. Una mujer se conquista a través del engaño.
16. Luego, besar y felar no son favores tan diferentes.
17. Besar puede ser el acto más tierno.
18. Felar puede serlo aún más.
19. Besar también puede ser asqueroso.
20. Algunas mujeres besan asqueroso.
21. Otras felan con aparente desidia.
22. De pronto tú y yo besamos muy mal.
23. Nunca nos lo dirán.
24. Todos perderemos amores a manos de labios mejores.
25. Vuelvo a la tele: Mia Farrow ha roto un plato.
26. Mia Farrow.
27. Mia Farrow.
28. Esta película se la recomendé a una chica.
29. Me parecía bonita y me sigue pareciendo bonita.
30. Estoy bastante seguro de que no lo es.
31. Esta película se la recomendé a una chica.
32. Lloró viéndola.
33. No son la misma chica.
34. Se la recomendé a muchas chicas.
35. Me la recomendó a mí una chica.
36. Debo salir en busca de símbolos propios.

jueves, 5 de marzo de 2009

Ser y no ser la barbie








Ella me dijo Claro, de eso se trata, ¿si no cuál es el chiste? Pero yo no tenía la más puta idea, y yo había jugado con cientos de muñecos y cientos de veces. Siempre me aburrí y así dejé rápidamente los juguetes por los libros y por eso cuando nunca había ido al colegio ya sabía quienes eran, tan lejanos, Siddharta y Pipino, el Breve. Yo había sido un niño que jugó por inercia durante años y jamás lo supo. Así como un adulto que es un adulto simplemente porque debe serlo, y trabaja y es serio y se ríe cuando es aceptable reírse y dice lo que es aceptable decir, yo era un niño que jugaba porque los niños juegan.

Tuve que aprender hoy que cuando uno juega, uno es parte de lo que juega. Ahora pienso que en eso habría estado todo el placer: en el acto de proyección. Me explicó La barbie no tiene personalidad, la barbie eres tú. La barbie recoge tu estilo y se convierte en ti, sólo que es más flaca, más bonita y rubia. Me quedé huevón. Es por eso que hay tantas barbies, por eso tantos accesorios... [risas] en cambio a ustedes les dan un sólo muñeco asesino y todos están contentos. Yo no me había sorprendido tanto en mucho tiempo. No pude evitar reírme, sonreírme, deslumbrarme. No había sabido que cuando cogí ese caballero del zodiaco que me regaló mi papá por navidad debía ser yo quien derrotara al caballero de Virgo de mi hermano, yo y no Seiya.





martes, 24 de febrero de 2009

El baño de mujeres

Oigo a penas lo que murmuran. Pegado a la pared, muy cerca, como asido a la luna de un rascacielos y con ese precioso terror, soy Spiderman yendo a rescatar a Kirsten Dunst de un malvado galán (porque cualquier MJ no puede ser: me cago en cualquier otra), ese que podría follársela primero y enamorarla por siempre. De tal modo casi distingo sus frases. ¿Hablan de mí? ¿De qué hablan? ¡Ay, secreta logia, imposible y perversa! Que me destruye -que nos deconstruye-, que trama y actúa. Secreta logia de hembras que controla el universo y que debemos hundir a toda costa, y que me matará, ciertamente, y que ya no oigo mascullar a través de la delgada pared que divide los baños…

El otro día hablábamos. Y yo la vi y ella me vio y hablábamos. Sólo que no hablábamos. No hablamos. Y yo la vi y ella me vio y todo esto se trata, francamente, no de hablar sino de caminar o andar o bailar o reír o tocarse y nada más. Entonces está bien. Nada más que de esta calle y de historias y bueno, un poco de la música que se oiga detrás.




Me pego –me apego- y oigo sus coloquios, sus maquinaciones y sus secretos. A veces estoy confundido y no puedo despegarme de esta pared. Estoy pegado contra la pared como un caracol, y trepo hasta un lugar sideral donde hablan de mí y de ti, nos juzgan y nos aman. Trepo por una pared, hacia arriba, hacia otro lugar muy alto, pero de pronto me deslizo. Y caigo en el mismo punto. Y no es un llano sino risa y no logro levantarme y no puedo oírlas más. ¿Hablan de mí? ¿De qué hablan?...

Y cuando la vi supe que ella sabía que yo lo sabía. Y pensé que podía ser benévola conmigo. Y cuando me vio, muy cerca, no dijo nada y yo no supe que decir y no dijimos nada. Esto, en si mismo, no era raro: era raro que a pesar de no tener nada que decir simplemente no me disgustara. Porque no todos tenemos la mirada pájara y no todos somos el mismo más de un número de horas. Entonces deduje que nos habíamos visto de verdad (lo que es decir muchísimo).