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domingo, 22 de marzo de 2009

La rosa púrpura del Cairo





1. En general me gustan los finales tristes.
2. Fuera está lloviendo.
3. Está lloviendo en otoño.
4. Esta lloviendo y la realidad está como en sepia.
5. Miro la tele: Mia Farrow sabe poner la más bella cara de cojuda.
6. Yo la amo por eso.
7. Mia Farrow es fabulosa.
8. No es preciso sudar para amar.
9. Mia Farrow.
10. No es preciso entender tampoco.
11. No es preciso tener experiencia para hacer el amor.
12. En cambio sí es preciso saber engañar.
13. Engañar no es el pecado que nos enseñaron.
14. Nos enseñaron muchas cosas.
15. Una mujer se conquista a través del engaño.
16. Luego, besar y felar no son favores tan diferentes.
17. Besar puede ser el acto más tierno.
18. Felar puede serlo aún más.
19. Besar también puede ser asqueroso.
20. Algunas mujeres besan asqueroso.
21. Otras felan con aparente desidia.
22. De pronto tú y yo besamos muy mal.
23. Nunca nos lo dirán.
24. Todos perderemos amores a manos de labios mejores.
25. Vuelvo a la tele: Mia Farrow ha roto un plato.
26. Mia Farrow.
27. Mia Farrow.
28. Esta película se la recomendé a una chica.
29. Me parecía bonita y me sigue pareciendo bonita.
30. Estoy bastante seguro de que no lo es.
31. Esta película se la recomendé a una chica.
32. Lloró viéndola.
33. No son la misma chica.
34. Se la recomendé a muchas chicas.
35. Me la recomendó a mí una chica.
36. Debo salir en busca de símbolos propios.

lunes, 16 de marzo de 2009

Un chien andalusia

Alguien dijo esto, en dudoso inglés:

In the presence of deep frustration creativity becomes the mean to breach the gap towards one's expectations, past one's reality. Yet it can never truly be in the absence of wit (as a vector) or aptitude (as its cache).

Ok, mentira, yo me lo inventé. Creo que está mal escrito y no sé qué significa caché, realmente.

domingo, 8 de marzo de 2009

No me gusta jugar (en general)





JP quiso ser piloto de avión. A quiso ser antropóloga. M quiso ser ama de casa. L quiso ser Miss Perú. La hermana de L quiso ser infladora de llantas de bicicleta. C quiso ser futbolista. R quiso ser Bruce Willis (no sabemos si por Demi Moore o por Die Hard). G quiso ser cantante de salsa. X quiso ser gimnasta. J quiso ser una integrante de Rage Against the Machine. P quiso ser el empleado del mes del McDonalds. D quiso ser profesora y O (que es mujer) quiso ser el cazador de cocodrilos.

Para mí ya era tarde cuando noté que no era capaz de entusiasmarme con nada. Las «instituciones» fueron tales en mi vida que me despojaron de toda capacidad de sentir pertenencia; me desalentaron, mostrándome sus agujeros y sus vacíos, repletas de desgano y poco espíritu, cómo eran crueles y arbitrarias e impostadas e imposibles para mí. La familia, la amistad, el colegio. Las cosas me sucedieron de tal manera que nunca me sentí parte de ellas. Hoy casi me siento parte de nada. Hoy no quepo en nada. Y por lo mismo no me proyecto en nada.

Yo nunca quise ser alguien. O nunca quise salvo dos veces y con muchísima duda. Nunca quiero ser algo. Pocas veces quiero poseer algo (alguien). Nunca he querido tener a alguien salvo dos veces y con muchísimo miedo. Me parece inconcebible caber en un rol y cuando, de pronto, me doy cuenta que estoy tentando alguno, se desmorona a mi alrededor.

En medio de la angustia puedo tener un irracional ataque de alegría y de pronto quiero ser mucho, cualquier cosa, todo al mismo tiempo: físico, actor, biólogo, comediante, director de cine, poeta miserable, hombre enamorado, novelista, artista visual, presentador de televisión, diseñador de modas, presidente, filósofo, dueño de una piscina. En cada careta me siento instantáneamente realizado, logrado en cada rol; pero al rato en todos inevitablemente, final y fatalmente inadecuado, solo, cómico, irremediable.




Hoy me siento incapaz de concretar cualquier identidad. Por eso actúo como un recolector: un wetex harto de escoria y de miel. Cada faceta que luzco es la versión torcida de la impresión hecha en mí por aquellos que me alcanzaron.









jueves, 26 de febrero de 2009

La pringosa y sensual búsqueda de la unicidad








Las noches más calurosas, cuando llego a mi casa y me desvisto y canto y todavía sudo y soy un cuerpo, parlante de pretensiones escandalosas, cuando estoy completamente calato o asqueado de mí y de mí contemplación perpetua, entonces no puedo salvo creer que todas las historias -entendidas como la concatenación de episodios con sentido o sin él- consisten de pura ilusión: la mía, enarbolada, arrojada a trepar una hiedra (no a ser la hiedra en si misma) por la incierta pero fatal estrella de lo contento.





lunes, 23 de febrero de 2009

Somebody lurks (works) in the shadows



El artesano detrás de mí debe ser un enano. Flaco, bucólico, pervertido, cantante y sibarita... y enano. El artesano o diré el artista detrás de mí: un enano hedonista. Hedonista pero científico pero disperso, agudo pero caminante y despeinado, alegre pero suicida. Y mal escritor, y pobre cantante... ¡ay maldito enano sibarita!

El artesano detrás de mí urde batallas familiares. Mea en el piso del baño de mis papás. Vomita en los muebles de la sala. Insulta a mis amigas chancha puta y ellas lo miran chato marica. Luego me culpan a mí. Yo no me disculpo- temo la furia del enano, diabólico, artero.

Entonces el artesano detrás de mí no es títere de mis manos (¡oh sépanlo!), tampoco de mis genitales. Este chato breve es ajeno a mí, como los lapiceros verdes de Lucía (que son como los ojos eternos de Lucía), incluso tan ajeno como los salmones que muerde y morderá por siempre Lucía.







Pregunta: ¿cuántos son los nombres del maestro?